En defensa de la vida* Víctor Velasco Morales
Sonia fuiste una de mis mas importantes maestras en la lucha contra el sida. En ese campo, lo que aprendí contigo sigue siendo base de lo que hago y de cómo lo hago. Pero también fuiste una maestra en otros aspectos de la vida. Incluso en el de poder reconocer que no tenia porque seguir acríticamente a mi maestra aunque la admirara y le reconociese sus meritos. Por eso puedo estar aquí, compartiendo con otros de tus discípulos, nuestras reflexiones acerca de lo que aprendimos contigo.
Trato de recordar la primera vez que te conocí y no lo logro. De lo que estoy seguro es que fue en 1987 y que nos presentó Bernardo Quintero, quien me había reclutado para el trabajo de "Brigadistas de salud en campaña por la vida". Recuerdo como me emocionó, después de mis años de militante del Partido Comunista Mexicano, escucharte hablar de que debíamos ser, como enseñaba Lenin, Agitadores, organizadores y propagandistas, solo que en este caso, de la lucha contra el sida. Fuiste una de mis primeras maestras en como enfrentar esa epidemia que sigue rodeada de miedos, mitos y prejuicios, aun entre quienes trabajan por la salud del pueblo.
Desafortunadamente, en ese momento, nuestros reclutas en su mayoría fueron hombres Gay clase medieros, interesados en su propia salud y no en una labor social y el trabajo no fructifico como deseábamos. Sin embargo aun sigo usando y transmitiendo aquellas herramientas que nos compartiste, como la digitopuntura, para aliviar todos los síntomas asociados al sida, como dolores de cabeza, y problemas pulmonares, sin provocar mayor daño. Pero sobre todo me sigue guiando en este trabajo la idea que nos enseñaste: "Luchar contra el sida por amor a la vida y no por temor a la muerte"
Aunque estás presente en mi trabajo contra el sida, estás sobre todo en aquello que le da sentido, pues estas en mi respuesta a la pregunta: ¿Para que queremos evitar que la gente se infecte? Mi respuesta, a partir de lo que aprendí contigo es: Para que aprenda y ejercite el "vivir como la gente" lo que significaba, entre otras cosas a no ocultar, por miedo su amor por alguien fuera del sexo que fuera, también significaba aceptar nuestra sensualidad, bailar, comer alimentos sabrosos e incluso caros y hacer el amor sin miedo y sin temor. Creo que si no es este el sentido de nuestro trabajo ¿Para que estar tan sanos como vegetales?
El trabajo que hice contigo me encamino a que, cuando me autodiagnostiqué infectado de VIH, en vez de ponerme a llorar, me fuera a hacer una gira por todo el país dando talleres de prevención de sida. Luego regrese y estuve en mexicanos contra el sida, tratando de llevar las ideas de luchar contra el sida desde una visión de reconocimiento y aceptación de la diversidad. La idea se aceptaba, pero no era fácil llevarla a la práctica y hasta la fecha, en la lucha contra el sida a nivel oficial y de muchas organizaciones se da mas énfasis a las cosas medibles que al trabajo interno y de concientización de las persona afectadas.
Una de las cosas que me gustaban de ti, eran tus rebeldías. Por ejemplo, la molestia que te provocaba que bailáramos samba tal como nos había enseñado la TV, pues decías que así no se bailaba en Brasil. Pero sobre todo, aprendí de ti como te molestaba que respondiéramos "mande". Decías y con mucha razón que esa era la herencia colonia y esclavista que nos impedía reconocer nuestra humanidad y luchar por nuestros derechos. Ahora trato que las personas cercanas a mi aprendan a decir "dígame" o "dime".
Entre las cosas que más me impresionaron de ti estaba tu sensibilidad y tu firmeza. Por ejemplo cuando impulsaste a Aurora a ir a un congreso en Suiza, a pesar de los temores de ella. También eras sensible y firme cuando apoyabas los movimientos populares, no solo en la teoría, sino en preparar personas que atendieran la salud de quien venía a una marcha. Pero, más aun recuerdo tu sensibilidad la noche que fuimos a Garibaldi a oír mariachis y estaba allí una chica, trabajadora sexual, que estaba pagando los mariachis para que le tocaran las mañanitas porque era su cumpleaños y ella estaba sola. Recuerdo como la acompañamos a cantar y luego, tú te retiraste un rato a una banca y te quedaste pensativa, con tus ojos brillantes. Quizá pensando en tu propia soledad fuera de tu país. Te abrace y me diste las gracias y me sentí un poco tu amigo.
Aunque te admiraba, como había aprendido de ti que era muy importante atender a nuestro cuerpo y hacernos caso, cuando sentí que dentro del grupo que estábamos entonces se veía como traición el expresar desacuerdos contigo, que ahora ni recuerdo cuales eran, me fui alejando, llevándome todo lo que había aprendido, para compartirlo en otros espacios sociales. ¿Sabes? Fue muy importante poder irme respetándote y respetando tus enseñanzas, lo que no es fácil en grupos donde uno comparte tanta intimidad y afecto. Pero contigo lo pude hacer y así, cada vez que te veía lo pude hacer con respeto y gratitud.
Por todo lo anterior puedo decirte: Gracias maestra. Tus enseñanzas están también en la lucha contra el sida en este país y están en mi trabajo. Espero que así, a través del trabajo que apoyaste, trasciendan, hechas acción a otras personas del pueblo. Te mando un abrazo donde quiera que estés.